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GRANDES MARCHAS POR EL DESIERTO DE ATACAMA: 1535 – 1879

Antauro Humala Tasso

LA MARCHA DE LA MUERTE
En 1535, un "Ejército Aliado", incaico-hispano, partió del Qosqo a la "Conquista de Chili". El contingente incaico era comandado por un hermano de Atahualpa, el colaboracionista Paullo, y el contingente hispano por Almagro. Estos últimos eran 700 españoles a los cuales había que agregar –como refiere J. J. Vega- varios millares de africanos y otros tantos de indios caribes. La gente de Paullo bordeaba los 15 mil efectivos.
Como quedaría comprobado al año siguiente, del retorno, el artífice de esta campaña fue el Wíllac Uma o sumo pontífice incaico, quien en acuerdo secreto con Manco Inka (entonces "bajo detención preventiva" dispuesta por Pizarro), habían planeado alejar a un buen contingente de tropas invasoras para brindarle mayor posibilidad a la "Rebelión General del Reino" que entonces se preparaba.
El "cebo" fue sencillo. Aprovechando la desesperación por el oro de parte de los europeos, se efectuó un psicosocial respecto al "fabuloso y riquísimo Reino de Chili". Y así, desde el Qosqo se emprendió la marcha hacia el Sur.
Refiere Garcilaso que Paullo le explicó a Almagro la existencia de 2 caminos, "uno por la cordillera nevada" y el otro "por el desierto del litoral", además le informó que por la estación del año lo mas acertado era dirigirse por el litoral. Almagro -desconfiando de una celada- dando la contra exige marchar por la sierra, vale decir por las punas altas de Moquegua, Tacna, por los salares de Uyumi y Poopó, hasta las alturas de Tucumán para de ahí bajar a Copayapu (Copiapó). En fin, una titánica marcha de mil kms. por las fragosidades andinas, en plena época de nevadas y lluvias.
Entiéndase que aquella "Gran Cordillera Nevada" a la que hacen alusión las crónicas del s. XVI, a la fecha ya no lo son tanto por la razón del "Calentamiento Global".
La marcha fue calamitosa. Las 2/3 partes del Ejército sucumbieron de frío y hambre. Además "se perdió todo el fardaje". Miles de cadáveres congelados de hombres y acémilas marcaron el pavoroso itinerario de aquella "Marcha de la Muerte":
"A pocas jornadas que hubieron caminado se arrepintieron por las grandes dificultades. Lo primero, que no podían caminar por la mucha nieve, que muchas veces la apartaban a fuerza de brazos, de cuya causa eran las jornadas muy cortas. Empezaron a faltar los bastimentos, porque los llevaban tasados para tantos días, y fueron 30 tantos más. Sintieron grandísimo frío, porque aquella Cordillera mata por congelamiento; y como allí sea el aire frigidísimo y el suelo cubierto de nieve, y los días más cortos y fríos del año, se helaron hartísimos españoles y negros e indios, y muchos caballos. Heláronse quince mil hombres de toda raza y contingente. Tan solo españoles, de los 700 murieron 400, y hubo muchos que se les helaban los dedos, y no lo sentían hasta que se les caían. Perdieron los bastimentos porque se murieron los in­dios cargadores. Por fin llegaron a la otra parte de la Sierra, destrozados y fatigados, en donde hallaron indios amigos, que los recibieron y regalaron con amor, porque estos eran del Imperio de los Incas, del pueblo Copayapu, los cuales sabiendo que el hermano del Inka y el sumo sacerdote iban con los extranjeros, salieron a festejarlos. Paullu y el Wíllac Umu hicieron un parlamento a los curacas del lugar, en que les dieron cuenta de lo sucedido por Huáscar y Atahualpa, y como los españoles lo mata­ron en venganza de la muerte de su rey y de toda su real sangre, y que tenían en su poder al príncipe Manco Inca. Por tanto, estaban los indios obligados a servir a los Viracochas, de manera que con los servicios les obligasen a cumplir la promesa de restitución del imperio. Los de Copayapu, acongojados, explicaron que no fueron a socorrer a su rey por no desamparar la frontera, y lo principal porque no tuvieron la orden del Inca".

EFICACIA INCAICA
Luego de extender la frontera del Maule hasta el Bíobío, mediante una campaña de 4 meses contra los araucanos y sin hallar el oro prometido, Almagro decidió retornar, además noticiado de la rebelión de Manco Inka y del cerco del Cusco y Lima por las tropas de Kisu Yupanqui.
El retorno fue un ejemplo de eficiencia logística jamás igualado en ese teatro de operaciones del Desierto de Atacama, en donde siglos después deambularían al borde del colapso los ejércitos aliados peruanos y bolivianos en la Guerra del Salitre.
Aquí la narración garciliana del retorno:
"Paullu dio cuenta a Almagro del camino que había por la costa; y dijo que después de las guerras entre Huáscar y Atahualpa, se había cerrado; y que los pozos que por él había por no haberse usado en tanto tiempo estaban ciegos con el arena que el viento echaba y no tenían agua, sino muy poca y hedionda. Empero que él enviaría exploradores delante que los fuesen limpiando; y que con el aviso que estos le enviasen de la cantidad del agua que los manantiales tenían, así enviaría su ejército en escuadrones calculados, aumentando el número de gente conforme la cantidad del agua. Y porque las fuentes algunas de ellas estaban lejos unas de otras, a 8 y 9 leguas, se harían odres de cuero de llama en que llevasen agua, de unas fuentes a otras, porque la gente no padeciese trabajo con la sequía mientras llegaban a ellas, y que esta disposición de marcha databa de los Incas sus padres y abuelos. Que así había cruzado el desierto el Ejército de Túpac Yupanqui en su expedición hasta el río Maule. A Almagro y a sus capitanes pareció acertado lo que Paullu dijo; y fiándose de él, se subordinaron. Paullu mandó que se juntase el bastimento necesario para las 90 leguas (700 kms. N. de R.) de despoblado. El retorno fue lo opuesto a la ida. Bajas casi ni las hubo".

"DESIERTO ABRUMA, EJÉRCITO NIÉGASE SEGUIR ADELANTE"
"El 11 NOV 1879, a las 9AM, 3 mil hombres a las órdenes del Gral. Daza partieron de Arica en condiciones físicas lamentables a consecuencia del excesivo consumo de alcohol…", es así como describe el capitán boliviano Ismael Heredia(1) la lamentablemente famosa "Marcha de Camarones".
Además, el autor refiere no solamente la sospechosa entrevista entre Daza y un agente chileno en la víspera de aquella retirada que privó al Ejercito Aliado de un oportuno refuerzo que hubiera decidido la jornada de San Francisco, terminada en un desastre organi-zacional… sino que también muestra la nula "noción logística" por parte de un Comando Aliado que había confiado el abastecimiento del ejército en campaña a "concesionarios privados", la mayor parte sobornados de antemano por el enemigo.
Tal es así que en vísperas de la batalla de Tacna, ¡solo existían 14 mulas "aguateras" para abastecer de líquido a 11,000 hombres! Sin embargo cada regimiento chileno tenía asignado una recua de 26 mulas para tales avatares.
En aquella orgía de improvisación, como se dice "al guerrazo", el Ejército Peruano -como relata Cáceres- "carecía de mapas de la zona" y que en todo el estacionamiento de San Francisco "no existía una sola brújula".
Fue tal el caos, que la retirada programada hacia Tiviliche (hacia el Norte en dirección a Arica) se trastocó en un extravío general de compañías y batallones que por último convergieron ¡hacia el Sur! Tarapacá está al Sur-Este de San Francisco. Y entonces la sed hizo estragos, al extremo que muchos soldados llegaron a beber sus orines.
Sin embargo, en esas condiciones la infantería kechuaymara destrozó a lo selecto del Ejército Chileno en una jornada de 11 horas, entre las quebradas y cumbres de Tarapacá.

EL ÉXODO DE TARAPACÁ
El éxodo -ya que eso fue- pues a los restos del Ejército se le incorporó la población civil de Tarapacá, Pachica y Huarasiña… fue una interminable penitencia por el desierto pedregoso mas árido del mundo, por el cual discurrieron interminables filas de rabonas cargadas de "niños de la guerra", ancianos y demás población civil entremezclados con un Ejército abandonado a su suerte en medio de la nada.
En 21 días recorrieron 360 kms, hasta Arica:
"…Sin elementos de transporte para llevar los cañones capturados, tuvimos que enterrarlos en la arena. Sin medios para llevarnos los heridos, nos vimos en la penosa necesidad de dejar gran número de ellos en Tarapacá, encomendados a los sentimientos caritativos de los escasos pobladores que quedaron. Sin municiones ni víveres, harapientos y agobiados por el hambre, la sed y soportando toda clase de privaciones y fatigas, emprendimos la marcha por la falda de la cordillera, con la amenaza constante de ver cortada nuestra retirada por la numerosa y bien provista caballería enemiga. Había que agregar las dificultades para el transporte de los heridos graves, y el gran número de mujeres, ancianos y niños que seguían al ejército, temerosos de las represalias chilenas. Así, pues, los pocos caballos y mulas de que disponíamos iban quedando rezagados a lo largo del camino, imposibilitados para continuar la marcha, muertos de cansancio y sed, al igual que la gente". (Cáceres – Memorias).

LA 5ta. DIVISIÓN BOLIVIANA
Pero esas no fueron todas las marchas de la Campaña del Sur. También hubo un "Ejército Independiente", boliviano –la 5ta. División- a órdenes del Gral. Campero, que no obstante ser veterano de la Campaña Francesa en Argelia contra Abd El Kader, muy poco pudo hacer para superar el abandono logístico del que sufriera su División en una pavorosa marcha, "por el itinerario de Alma-gro", que luego de atravesar las gélidas cordilleras, glaciares y salares -el "desierto helado"- lograrían a duras penas entablar una escaramuza en Tambi-llos (alturas de Calama/Antofa-gasta) contra las vanguardias de ocupación chilenas.
"Si faltaba el ganado indispensable para el transporte de víveres y agua, el dedicado a llevar municiones era fatalmente escaso. En 12 minutos de brega el Ejército quedaba inerme. ¡Así hicimos esa campaña! Entre amotinamientos por el agua, deserciones de tropas recluta-das a la fuerza y una barrera idiomática entre el soldado aymara hablante y el oficial castellano hablante. ¿Era posible vencer?" (Narciso Campero).
Sin embargo esta División boliviana, que recorrió mil kms. entre ida y vuelta, dio lección de moral y entrega, al haber amagado sobre Tarapacá y lograr arribar a Tacna para inmolarse, exhausta, en el Campo de la Alianza… en momentos en que los politiqueros criollos de La Paz y Lima saboteaban a sus propios ejércitos.

(1) "Estacionamiento del Ejército Boliviano en el litoral de Tacna y Tarapacá" (Lima-1933).